lunes, 28 de febrero de 2011

Blah, blah, blah, blah

Ha llegado la hora. Deja lo que estés haciendo. Sí, no me mires con esa cara de sorpresa y curiosidad. Si es posible mírame fijamente a los ojos. No me importa si estás sentado o prefieres incorporarte. Lo que me importa es que te olvides de lo que está pasando a tu alrededor durante unos momentos y te centres en mi. En nosotros. Porque lo que te voy a decir es importante. Un consejo que quiero que no olvides. Es lo único que te pido:

Habla

Deja que las cosas salgan. No te molestes en pararte a pensar si salen bonitas y feas. Que salgan. Esas palabras deben nacer, no morir. Que se junten, que formen frases que a su vez formen conversaciones. No hay mejor manera que conocer a alguien que hablando con él. Puedes peligrar y entablar conversación con gente como yo, que no sé callar por el mero hecho de que me encanta hablar. Pero no decir cosas al aire, sino entablar conversaciones. Y lo más importante: escuchar. Entender lo que me dicen. Hacer el esfuerzo para no oír aquello de

bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla

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